Los romanos
construyeron carreteras que desde el centro de Roma partían hacia el
resto del mundo, y también dispusieron de verdaderas autopistas, no
terrestres, sino marítimas en el mar Mediterráneo, que aunque llenas de peligros proporcionaban grandes ventajas en el comercio.
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El mar Mediterráneo, “Mare Nostrum”, de los piratas y de Pompeyo