Decía Napoleón que un ejército marcha
sobre su estómago. Al juzgar por varios ejemplos de la historia
moderna, no se equivocaba.Tampoco erraría si su cita estuviese dedicada a
un legionario romano, epítome de la soldadesca. Y si las legiones
marchaban tan bien, seguro es porque sus buches estaban más satisfechos
que yo después de una paella.
No es que los guerreros romanos tuvieran a su disposición un buffet
chino antes de cada batalla, pero llama la atención que, hasta ahora,
no se haya encontrado jamás ninguna queja de centurión o subordinado
sobre su comida. Es realmente muy llamativo, pues es regla general que
los ejércitos se quejen de la comida. Algo habrán hecho bien los
intendentes, y los generales romanos.