La mayoría de las especies siguen viviendo en el entorno donde han
evolucionado durante miles de años y de esta manera han optimizado su
organismo para sobrevivir y reproducirse en él. El ser humano, capaz de
desarrollar su propia cultura gracias a la conciencia, supone una
curiosa excepción, sobre todo en las ciudades del mundo occidental. Este
desajuste, al olvidar nuestro entorno original, promueve conductas
artificiales, que no siempre son beneficiosas.
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No es entorno para la evolución