En esta ocasión no toca desbancar un
mito, sino lo contrario, confirmarlo como una historia verdadera. Hubo
hace muchos años un chaval al que le gustaba entrar a palacio a
curiosear, y de paso, llevarse las bragas de la reina. Ni la residencia
en cuestión ni la monarca eran cualquiera, pues se trataba de la que en
aquel entonces era la mujer más poderosa del mundo, la reina Victoria, y
de su suntuoso Buckingham Palace. El ladrón, o “acosador”, además, no
visitó las estancias reales una vez, ni dos. Según el Doctor ja
Bondeson, de la Universidad de Cardiff, Edward Jones fue pillado in fraganti en tres ocasiones, aunque se cree que repitió la hazaña varias veces más.
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El ladrón de bragas de la reina.
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viernes, 27 de mayo de 2016
domingo, 25 de octubre de 2015
El “gracioso” que vendió la Torre Eiffel.
Hay, ha habido y hasta el final de los
días, siempre habrá delincuentes, aquí y en China, y en París. No hace
mucho publiqué un artículo sobre la Torre Eiffel,
y ya entonces me acordé de la historia que me propongo relataros hoy
sobre un hombre, un pillo bien entrenado, que vendió ese monumento al
menos una vez, y lo intentó en una segunda ocasión, que sepamos, porque
es muy posible que lo haya logrado e intentado alguna otra. Se trata de
Víctor Lustig, un hombre nacido el 4 de enero de 1890 en un pueblo del
aquel entonces Imperio Austro-Húngaro, hoy Arnau, en la República Checa.
Desconocemos los avatares de su infancia y juventud, al menos hasta
poco antes de la Primera Guerra Mundial, cuando ya iniciada su carrera
de caco se embarcaba en cruceros transatlánticos donde robaba a ingenuos
e ingenuas, y fue detenido en al menos 40 ocasiones antes de cumplir
los 30 años.
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El “gracioso” que vendió la Torre Eiffel.
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