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lunes, 8 de agosto de 2016

Personas incompletas

Como en muchas otras cosas de la vida, los primeros síntomas del Trastorno de Identidad de la Integridad Corporal (BIID, Body Integrity Identity Disorder, en inglés) aparecen durante la infancia. Es frecuente que los niños recorten muñecos de las revistas y les corten una extremidad o se disfracen jugando a ser cojos o mancos. Poco a poco la sensación de estar incompletos va creciendo y es posible que al ver gente con amputaciones o parálisis sientan envidia. Paulatinamente, estas personas van comprendiendo sus sentimientos hasta que llega el momento cuando entienden que no se sienten identificados con alguna de sus extremidades.

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lunes, 25 de abril de 2016

Ser escritor, ¿una profesión de riesgo?

Las neurociencias niegan que para ser un genio creativo sea imprescindible padecer una disfunción cerebral pero muchos piensan que ese don artístico es reflejo de un desequilibrio mental. Encontramos muestras de ello en todos los campos artísticos y en personas que vivieron épocas distintas, pero permitidme que me centre solo en el campo literario -de lo contrario nos alargaríamos en exceso- para mostrar algunos ejemplos de grandes mentes que llegaron al cenit de su pensamiento acompañados de altas dosis de sufrimiento y perturbación.

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jueves, 17 de marzo de 2016

Mente, mano, corazón

En todas las disciplinas del arte siempre habrá personajes malditos. El cine probablemente sea la que deja los ejemplos más sonados, al menos en cuanto a premios se refiere. El codiciado Oscar ha sido históricamente esquivo a ciertos actores, a pesar de sus intentos y su entrega anual. Este tema se torna discusión airada entre amigos y consumidores de cine profesionales, y en la alternancia de cerveza y cerveza, se termina por reír sardónicamente ante la imagen de Nicholas Cage con la preciada estatuilla, o requiriendo un abrazo compasivo por la sequía de Gary Oldman.

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Mente, mano, corazón

martes, 12 de enero de 2016

Sinestesia y el color de la música

En 1885, a sus más de treinta años Vincent van Gogh estaba aprendiendo a tocar el piano. Mientras iba tocando, su profesor se dio cuenta de que Vincent asociaba continuamente a los sonidos colores específicos. Considerando que estaba loco, lo echó.
La anécdota no deja de tener su gracia porque entre todos los problemas mentales del artista: un marcado carácter bipolar con fuertes fases maniaco-depresivas, crisis psicóticas, alcoholismo… Entre toda esa amalgama de patologías, una percepción sinestésica como lo es percibir colores al escuchar sonidos, no era el problema.

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