Uno de los principales problemas de las bioimpresoras presentadas hasta
ahora es que generan tejidos demasiado frágiles para que sean viables
para su implantación. Debido a que carecen de vasos sanguíneos, su tamaño también está limitado, pues no es posible hacer llegar los nutrientes y el oxígeno a todas las células vivas que componen el tejido.
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Una nueva vía para imprimir hueso, cartílagos y músculos