Existen dos sustancias naturales, el ámbar y la piedra imán, que han
despertado la curiosidad de los humanos desde la antigüedad. El ámbar es
savia que rezumó hace mucho tiempo de ciertos árboles de madera blanda,
como el pino. En el transcurso muchos siglos se endureció hasta
convertirse en un sólido semitransparente con el aspecto de algunos
plásticos actuales con un color que va del amarillo al marrón. Cuando se
pule se convierte en una piedra semipreciosa usada en joyería y, a
veces, contiene insectos que se vieron atrapados por la savia pegajosa.
Los antiguos griegos describieron una extraña propiedad del ámbar: si se
lo restregaba vigorosamente contra un paño podía atraer pequeños
objetos de las proximidades, como trocitos de paja o semillas. Los
griegos llamaban al ámbar elektrón.
link:
Los imanes de Gilbert
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