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martes, 8 de marzo de 2016

Terapias peligrosas

“Papá, me he equivocado”, dijo Mario Rodríguez a su padre una semana antes de morir. “No, hijo mío, tú no te has equivocado. Te han mareado la cabeza”, le respondió su padre. Mario murió el 3 de julio de 2013. Tenía 21 años y estudiaba Físicas en la Universidad de Valencia. El 7 de enero había ido al médico “por unas manchas en la piel y otros síntomas. Le diagnosticaron leucemia y le dijeron que tenía que someterse a quimioterapia y un trasplante de médula”, recuerda Julián Rodríguez. Empezó con la quimioterapia y, en la cama del hospital, recibió en paralelo el tratamiento indicado por un individuo que había convencido a su madre, “una mujer muy crédula y enemiga de la medicina científica”, de que podía curarle con “medicina ortomolecular y naturista”.

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