Imagina que eres una serpiente. Te arrastras arras de suelo, con
un cuerpo largo y delgado detrás. No tienes orejas y aunque tus ojos
son grandes y están bien desarrollados, no puedes parpadear.
Constantemente sacas la lengua, cosa que te informa de todo lo que ha
pasado a tu alrededor, especialmente el olor del suculento ratón que
llevas días buscando. Los ofidios han sufrido tantas modificaciones
corporales que sus sentidos han tenido que adaptarse a su estilo de
vida. Con más de 3.000 especies actuales de serpientes es difícil
generalizar, pero en esta entrada explicaremos algunas de las
adaptaciones sensoriales más curiosas de los ofidios actuales,
intentando arrojar algo de luz al mundo de estos animales tan
fascinantes e injustamente tratados.
link:
El mundo desde los ojos de una serpiente
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